lunes, 24 de marzo de 2008

ASHINCUY


Hace muchos años, vivía en aquel lugar solitario un pastor de ovejas y alpacas, sin la compañía de nadie, llevaba una vida monótona, pues día tras día el pastor salía al campo en busca de pasto para el ganado, para retornar al caer el día a su choza solitaria. No tenía a nadie sino al fuego que le abrigaba con su llama opaca y triste. Cuanto soñaba tener en su compañía a una mujer que le diera alegría, amor y caricias; pero no le era fácil conseguir, porque no tenía ninguna vecina a quién ofrecer sus amores y hacerla su esposa, cuantas veces pensó viajar al pueblo en busca de la dulcinea de sus ensueños; pero le era imposible, porque para ello tenía que dejar el ganado que era su único patrimonio, vivía resignado de su amarga suerte, sin tener a quién contar sus cuitas, sino a la laguna que estaba próxima a su choza, al Anco Vilca y al Allco Punta, cual centinelas los protegía siempre. Pasaron días, semanas, meses, quizás años y muchos años para el pastor hasta que cierta vez cuando al caer el día, al retornar a su choza encontró con sorpresa dentro de ella y prolijamente preparados ricos manjares, posiblemente por manos delicadas de una mujer, ¿ Quién será ? se decía el pastor llenado de mil imaginaciones y muy miedoso dio una, dos, tres y quién sabe cuantas vueltas y revueltas por de­trás de los corrales, luego se puso a divisar por los matorrales y los pajonales, en su deseo de poder descubrir a la persona, que le había traído tantos bienes. No quiso tocarlos menos comer, porque pensó de que alguna persona mal intencionada pudo haber traído para hacerle daño y apoderarse así del ganado, ¿pero quién podría ser? pues nadie vivía cerca a él, se tranquilizó un poco y vencido por el hambre y la curiosidad, comió todo y al terminar sintió una gran alegría y se quedo dormido, soñó ingentes riquezas que le obsequiaba una gran dama, pero al despertar al nuevo día, vio que todo era igual que antes; pero al atardecer de cada día cuando el pastor retornaba de sus labores diarias esperábale la suculenta comida preparada por el misterioso personaje y que cada día eran variadas y mas sabrosas. Entonces el pastorcillo; pensó: ¿Quién podía ser la persona tan ca­ritativa que le traía tanta bondad? quizá un hada se dijo para sí; pero deseoso de saber se puso asechar. Grande fue su sorpresa al ver que de las linfas de las aguas de la laguna en mención lebantábase una doncella con vestimentas características de la época: falda roja de bayeta, manta blanca, sombrero de vicuña y con un gran, prendedor de plata, que sujetaba a la manta y con grandes aretes de oro que pendían de sus orejas, quién una vez en tierra se dirigió a la choza del pastor, llevando sobre sus espaldas un atado con su policroma calashmanta e hilando un vellón de lana acompañada de un pichicito blanco como la nieve penetro a la choza. El pastor que todo había visto con asombro y no queriendo dar crédito a sus ojos, fue a la choza para convencerse de quién era esa mujer atrevida que se había permitido entrar a su choza, sin su consentimiento. La sorprendió cuando se aprestaba a preparar la deliciosa mesa, y este al verle hizo unas interrogaciones y se entabló un diálogo entre ambos: — ¿Quién eres y de donde vienes? Pregrutóle el pastor. — Soy de este lugar, tu vecina, ¿No me conoces? dísele ella. — Pero que desea en mi choza vuelve a preguntar el varón. — He tenido compasión de tu soledad y a ver que no podías atenderte por tus recargados trabajos, me vi obligada a preparar tus alimentos, por si, así puedas casarte conmigo. Díjole ella muy tran­quilamente con voz emocionada. El buen hombre enmudeció, pues no sabía que contestar, pero recordando la vida triste y solitaria que había llevado hasta entonces aceptó casarse con ella, a lo que la mujer continuó. — Soy la dueña de un gran número de ovejas, alpacas, llamas y vacas, ya que aceptas ser mi esposo, los traeremos y para ello cierra los ojos. El pastor obedeció el mandato y cuando los abrió se vio en el fondo de la laguna y caminando por la calle principal de una gran ciudad, llegando a una hermosa casa, cuya dueña era la buena mujer, quien mostró al marido, todas las riquezas de aquel reino. El pobre hombre quedó maravillado y asombrado a la vez no había logrado satis­facer su admiración, cuando recibió la orden de: — Ya podemos volver, e invítale a que cierre nuevamente los ojos y tan pronto lo hizo, estuvieron en la faz de la tierra, con una gran cantidad de ganados y otros tesoros más, haciéndose de este modo rico de la noche a la mañana. La bondadosa mujer, cierto día le dijo: antes que transcurra mas tiempo y me olvide, té digo, siempre que degolléis un animal de nuestro corral haz de entregar a mi pichicito el ruro huira (grasa del riñón), para que se coma, pues el ganado es de él. El buen hombre, esto lo tenía aprendido y lo cumplía fielmente, pero cierta vez, después de algunos años de vida conyugal, posiblemente en la época de cosecha se puso a degollar algunas ovejas para lle­var al pueblo y hacer el trueque con los productos de la cosecha y en los apuros y las preocupaciones se olvido de entregar al mimado perrito la, grasa del riñón, a lo que el perrito se puso a comer sin el consentimiento del dueño, quien al notar tal atrevimiento castigó al animalito, el que entre aullidos y ladridos se puso a correr en dirección a la laguna, perdiéndose en las espumosas aguas tras él todo el ganado entre validos mugidos, y aún la misma mujer quién hizo caso omiso a los ruegos llantos del pobre hombre quedándose este completamente solo, sin ganado, sin mas patrimonio que la soledad, sin amor y caminó, sumido a la más honda pena. Desde aquel entonces día tras día el pobre hombre se pasaba tris­te a la orilla de la laguna, por sí volviera la mujer de sus deli­cias, compadecida nuevamente de su soledad y tristeza; pero nada, todo era igual desde aquel día, silencio y soledad. Cuanto deseaba por lo menos divisar la imagen de su esposa en las cristalinas aguas de aquella laguna, aun eso le fue negado, porque al sumergirse la mujer, el perrito y todo el ganado, las había enturbiado. Los días se hacían muy largos y muy tristes, hasta que sumido en la más honda pena y después de largos sufrimientos, se convirtió en una piedra larga junto a la orilla de la mencionada laguna, en posición de ver algo dentro de las aguas y posiblemente la imagen encanta­dora del ser querido que le abandonó por un poco de grasa del riñón de una oveja. Desde entonces aquella laguna, llámase ASHINCUY, que quiere de­cir “BUSCAR EL SER QUERIDO”.

domingo, 10 de febrero de 2008

LA LIMPIA ACEQUIA – MOTIVO COSTUMBRISTA DEL DISTRITO DE VITIS



Embargado por un imperativo que anima a mi espíritu quiero resaltar en las páginas de un folklore digno de difundir y perennizar en el alma de cada vitisino y porque no decir en el ambiente de nuestra Patria.
La limpia acequia fiesta de raigambre popular, se realiza en el mes de junio de cada año, dando inicio a los trabajos de la comunidad
El aludido trabajo empieza desde la toma de la acequia llamado “LLUCHPE” a donde hombres y mujeres acuden presurosos y entusiasmados para ejecutar la limpieza y arreglo de la acequia. Cada uno de los trabajadores llevan sus respectivas herramientas, con los que animados por el licor que ofrece: el ALFERES trabajan incansablemente por el curso de la acequia hasta llegar al lugar denominado CHINCHAY COCHA. (Estanque construido a base de piedras y tierra aprovechando una hendidura que ofrece los terrenos de PALLAC PALLAC. Construido por los antiguos del VITIS AYLLU) en este lugar se dan el encuentro con la comparsa de bailarines que van de la población graciosamente disfrazados y al compás de las alegres notas del Pincullo y la Tinya, donde trabajadores y bailarines comparten de una animada fiesta mientras grupos de damas recogen flores propias del lugar para. ofrecer a los disfrazados llamados NEGRITOS quienes ejecutan las distintas mudanzas (compases) bajo el mando de un disfrazado diferente a ellos, llamado peculiarmente ENCAJE, quien lleva plumaje de aves propias de la selva, cascabeles, pantalón de color y cintas de variados colores que pende graciosamente desde el sombrero etc.
Ya en el paraje llamado “MATAHUAYCHA.” las esposas de los trabajadores y de los bailarines esperan con el almuerzo, donde se sirven en una meza larga compartiendo de los diferentes potajes y asemejando a un banquete campestre donde no deja de faltar las exquisitas humitas, la shajcta, el picante de cuy
La persona destinada a pasar la fiesta es el ALFERES, quien se encarga de presentar un árbol adornado de diversas clases de frutas y además debe entregar a la entidad el licor necesario para los gastos. Una vez concluido el almuerzo, todos se dirigen a la población en medio de una alegría indescriptible, donde las intrépidas señoras van entonando en lugres fijados por la tradición la música llamada el “JAYAHUAY” a cuyo final los danzarines lanzan huapidos característicos. Los negros se deslizan entre piruetas al compás de la música. Durante el camino al pueblo a cada instante se escuchan el sonar de cohetes y al llegar a la población prosigue la fiesta hasta entradas horas de la noche en la casa del Alférez y de las autoridades de la institución.
La limpia acequia de las sociedades de Tomas Ayllu y Cochas Ayllu sigue las mismas costumbres y en la misma oportunidad.